Dulce introducción al caos

Vivir y enredarse. Desenredarse y vivir más aún.

lunes, 19 de noviembre de 2012

Mi (ex)vecino


Nunca he conocido a nadie tan parecido a su perro como mi exvecino del tercero. Ojos azules cristalinos, pelo canoso. Y guapo, muy guapo. Dueño de un husky siberiano.

Vivíamos en una casa en la que se oía todo. Sin hacer ningún esfuerzo yo sabía cuando subía, bajaba, se duchaba y alguna cosa más íntima. Estos bloques de corchopan en los que habitamos no dan casi lugar ni a la vida privada.

El caso es que poco a poco nos fuimos conociendo, los tres. A mí me interesó mucho este tipo, su pasado de novela y su perro. Un día me invitó a cenar. Bebimos vino y charlamos un buen rato en la terraza. Acabamos no sé cómo medio enredados en el sofá.

También fumamos un poco. Pero nada fue suficiente para que yo dejase de fijarme con horror en el suelo de su casa, exactamente igual al de la mía, pues éramos vecinos... pero no cabía ni un pelo más de su perro. Un escenario desalentador.
 
Yo no soy muy tiquismiquis y el tío me atraía bastante pero hay cosas que, aunque a los demás resulten invisibles, a los ojos propios les parecen la materialización de la anti lujuria.

Todavía nos llamamos de vez en cuando. Me gustaría preguntarle si aún tiene el perro, pero me da pereza que me diga que sí.

Demasiado rock and roll.


2 comentarios:

  1. Un poquico de asquito si que da eso de los pelos. Otros ex-vecinos les huele el baño siempre a pis, otros ex-vecinos no vacían los ceniceros jamás... en fin... hasta que llega un ex-vecino que tiene pelos en el suelo, el baño huele a pis y colillas por todos lados y además, tiene caspa pero sin saber porqué, no te importa. Decía Benedetti, que eso es porque es un cielo que no te pertenece.
    Besos sin pelos.

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  2. jjj Di que sí: cuánto gusto da bailar con el más feo!
    Y qué bueno Benedetti.
    Besos despeluchados

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