Dulce introducción al caos

Vivir y enredarse. Desenredarse y vivir más aún.

viernes, 3 de agosto de 2012

(Des)memoria


Mi memoria juega al escondite.

Parece como si saltase de flor en flor, incapaz de posarse en los cardos. Duelen las espinas. Cuando te pinchas en una de ellas, algo se desprende por el torrente sanguíneo. Y los recuerdos negros se deslizan hasta el corazón.

Yo no olvido fácilmente pero a mi memoria le entretiene jugar a esconderse y me oculta lo innombrable: para no hacerme tanto daño, para no verme triste. Sin embargo, otras veces me sorprende reglándome recuerdos brillantes,  instantes de luz. Carne de gallina.

A lo largo de los años comprendí que los recuerdos intensos son el mejor tesoro que nos queda del pasado. Y el pasado es todo menos el efímero presente. Todo y nada, todo o nada.

Ahora, en lugar de pesarme el  no recuerdo, cada día es una reconciliación gozosa con mi memoria desmemoriada, tan caprichosa. Sólo lo importante.

Y sí, todavía me acuerdo de ti. 
Y de que el amor está en el camino.
Y de poco más...


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