Dulce introducción al caos

Vivir y enredarse. Desenredarse y vivir más aún.

domingo, 25 de marzo de 2012

¿Quién me iba a decir a mí?

Mi percepción de las cosas cambia cada día. Todo fluye, nada permanece. Siempre ha sido así.
Fluye la vida como fluyen los ríos, como todavía fluyen los ríos. Y en ese fluir constante siempre quedan segundos de lucidez, de pensamientos claros como el agua. O como el agua clara, que no es lo mismo. 

Hoy me he regalado un paseo largo, en bici, siguiendo el río. Es una suerte. Y pedaleando en este día de horas raras, espectacular, he hecho memoria cayendo en la cuenta de que esta ciudad empezó a ganarme cuando el río dejó de ser un espacio oscuro. Ahora me parece un lugar mucho más bonito. Habitable.
En esa "humanización" del río se han hecho cosas mal y muchas son mejorables, no cabe duda, pero Zaragoza es otra ciudad desde que la ribera del Ebro se puede disfrutar. Hay rincones preciosos. Y accesibles para todos. He estado casi tres horas montada en la bici sin tener que bajar ni una vez. Con este buen tiempo de hoy, había mucha gente haciendo deporte, parejas, familias, solitarios vocacionales o circunstanciales, lectores, fotógrafos... gente de todo tipo disfrutando del aire libre en plena ciudad. Un simulacro de monte en medio del asfalto, pero en estos tiempos en que desplazarse es artículo de lujo, tener y mantener estos espacios vivos es fundamental. Siempre lo ha sido, pero quizás en otros momentos se le ha dado menos valor. Tener a la mano estos remansos de paz, trocitos de tierra y retazos de naturaleza, me reconcilia con el hecho de vivir aquí.

Nunca pensé que el río sería mi mayor enganche a esta ciudad...

El río es un reflejo, pour moi

De los Monegros al Ebro, música de Facunda, una mujer de aquí

martes, 20 de marzo de 2012

Destino

1. m. hado: fuerza desconocida que se cree obra sobre los hombres y los sucesos.

A veces hablo sola. Muchas veces. De lo que me pasa. Y de lo que no.
Sobre todo discurseo de lo que no pasa, porque lo otro de alguna manera es como si me quedase escrito en la memoria, en la retina, en la piel o incluso en el corazón.

Hoy iba conduciendo, sola (situación preferida para hablar en voz alta) y me ha dado por liarme con el destino. Y es que hay coincidencias, azar, situaciones, que sin duda parecen fruto del destino, que si nos hubiésemos empeñado habría sido imposible que se dieran: ¿no os parece? Hay instantes de conexión para los que han sido necesarios un montón de pequeños pasos previos, que se han ido cumpliendo, uno a uno, sin un plan trazado de antemano. Pero yo soy una tía muy dubitativa y lo mismo que me emociono con una de mis preciosas casualidades, pierdo fuelle al menor atisbo de desencuentro.  Por muchas razones creo que la vida es una sucesión de improvisaciones. La mía, al menos. He llegado hasta aquí y ahora por muchos condicionantes que poco tienen que ver conmigo (al menos de modo consciente) y por un montón de sucesos, tantas veces fortuitos, que me han hecho (o todo lo contrario) coger los caminos que he ido eligiendo... Puedo asegurar que mis caminos son auténticas carreteras de montaña, tipo puerto de Cotefablo, para quienes os podáis hacer una idea...

En fin, que no sé si creo en él o no... Lo que sí es seguro es que creo en la magia, en la magia cotidiana que de vez en cuando nos sorprende con uno de sus trucos.

Del destino sólo puedo deciros que hoy quería contar algo completamente distinto, y aquí estoy con este lío... No sé si será destino o qué, pero al final me he puesto a divagar y he hecho público que hablo sola, en voz alta, cuando conduzco. Con música de fondo, eso sí. Y si el viaje es largo, os podéis imaginar la película que me puedo montar yo solita.

Estoy de psiquiatra. Lo sé. Sé que es consuelo de tontos, pero no soy la única.

Y encima estoy prácticamente segura que hoy, en lo más emocionante de mi disertación (que encima no me acuerdo y por eso no os la cuento en detalle), me he saltado un radar y en pocos días tendré en el buzón un recordatorio de la realidad menos poética: una multa por exceso de velocidad.

Ya estoy pensando en recurrirla, alegando enajenación transitoria, vamos, lo que viene siendo hablar sola. Pero me da que no. Que ni caso. Igual les hablo del destino. A ver qué pasa.


sábado, 17 de marzo de 2012

Tiempo

Giro en las agujas del reloj
vertiginosa
Aguardo la señal a en punto
paciente
Confío en esta espera
despreocupada
Porque sé que el tiempo avanza
implacable
Pero da treguas
ratitos de descuido
amables
Para que la vida fluya
indómita

También yo
También tú
al encuentro de nuestro tiempo



viernes, 16 de marzo de 2012

Que veinte años no es nada (2)

Trafico para ti con músicas de otro tiempo:
damas que se esconden y pesca de sentimientos.

Sentimientos cada vez más esclarecidos, eso sí.



(grande también el baile!)





Hace un tiempo me habría parecido una locura, ahora sé que veinte años, los que tienen estas canciones, no son nada. Hay cosas que no cambian, como la belleza verdadera. 
Y si no lo crees, mira aquí.

jueves, 15 de marzo de 2012

Canción de cuna

No se me ocurre otra canción de cuna que tu abrazo
hipnótico más potente que tu aliento jugando en mi nuca
ni mejor somnífero que tu caricia en la espalda.

La más dulce de las nanas.

lunes, 12 de marzo de 2012

De amor y de muerte

Frontera que no existe en los mapas
se dibuja en mi piel
mi cordura cabalga en esa ola
que a veces, encabritada,
me deja sin respiración
entre el deseo
y la falta.

Locura.
No más.

Peleo mis días entre el amor y la muerte
ahí me juego la alegría
y el norte.


a Jigsaw - "No More" from MPAGDP on Vimeo.

sábado, 10 de marzo de 2012

El coraje de Vic


Me he enredado esta mañana un poco en la vida de Vic Chesnutt. Todo ha surgido a partir de escuchar un par de discos (Plato Fuerte, 1997) en los que el sello Everlasting Records presentaba a un montón de grupos de la escena independiente de entonces. Son canciones que me acercan otro tiempo hasta que casi puedo olerlo, y entre ellas hay unas cuantas que me emociona mucho volver a escuchar ahora, después de tanto abandono.
De Vic Chesnutt sólo sabía que me gustaban algunos temas y esa voz suya tan particular. No sabía de sus circunstancias, de su vida y mucho menos de su largo viaje. Después de bucear un poco en lo que dice la red (y de imaginar sobre lo que no dice) me quedo con el coraje y con el talento de este hombre.
Con su vida. Con su libertad.
Y con canciones como ésta.


lunes, 5 de marzo de 2012

Quijotesca

Febril y enferma
con la fuerza justa para abrir los ojos
te busco
no sé si eres gigante o molino
luz al final del largo túnel
infierno
o paraíso.

sábado, 3 de marzo de 2012

El escenario

Tuvieron una noche de besos y confidencias. Rodaron por aquella cama y, abrazados como amantes, les llegó el amanecer. Con los primeros rayos de sol, él tuvo que partir. Seguía la gira.

Él era el batería de un grupo de pop rock alternativo. Da igual. 
Ella se quedó con un mail apuntado en el posavasos de la última copa que habían tomado la noche anterior, antes de ir al hotel. Intercambiaron algunos mensajes cómplices durante un tiempo. Con una dosis encantadora de cariño, aunque cada uno con su vida. Cada uno en su continente.

Un año después, cuando quedaba de aquello un recuerdo dulce, coincidieron en Londres. Actuaban en el Shepherd Bush Empire. Él dejó unas invitaciones y unos pases VIP para la fiesta de después en taquilla, a nombre de ella.
Ella fue con su pareja. Él le contó que iba a ser papá. Fue una noche divertida, en la que acabaron todos juntos: ella y su compañero, él y todo su grupo y Klaus, un mexicano que rescataron del concierto junto a una chica francesa de la que se había enamorado fulminantemente. Una noche algo loca de reencuentro, en la que también tuvieron tiempo, él y ella, de mirarse a los ojos y situarse en una distancia media pero llena de gracia. Todo fue  muy entrañable. Incluso saber el lugar que ocupaba cada uno en los recuerdos del otro.

Ella siempre ha dado una gran importancia a las personas que han pasado por su vida. Es conservadora en los asuntos de corazón: le gusta cuidar y mantener los grandes amores, también los pequeños afectos...

Él volvió al año siguiente a la ciudad donde ella vivía, con su grupo. Quiso verle. Él también.  Ella había terminado con su pareja y fue sola al concierto. Y cuando acabó, él le pidió que le acompañase al hotel. Hablaron en poco tiempo de muchas cosas, querían exprimir los minutos juntos.

Y en el último momento, justo antes de subir al autobús que le esperaba (show must go on...), él le robó un beso de película.

Ella se quedó sola en medio de la calle oscura, mientras ese autobús se alejaba, y sintió que el chico que de verdad le había conquistado era el que conoció la primera vez, ese que no era el batería, el famoso ni el artista. Ese que se llamaba Luis. El otro era el que se subía al escenario, que también  le gustaba mucho, sí, pero sólo en el escenario... 

Aquel beso de estrella de rock a su fan, les impulsó a universos distintos.
Y sus caminos nunca más se han vuelto a cruzar.